Somos dueños de nuestros dolores y nuestras alegrías. Día a día nacemos y morimos, algo en nuestro interior se renueva para cambiar la perspectiva de la vida, podemos ser color ... o no color.
Hace mucho tiempo entendí que no somos nada si no creemos en nosotros mismos, pero aún así me resulta difícil comprender que en mi interior está la clave para saltar todos aquellos obstáculos que nos pone el destino.
Cuando miro los ojos de mi hijo, me es inevitable pensar qué sería de mí si él no estuviera aquí. Pero al segundo de surgir ese pensamiento en mí, una sonrisa oculta las dudas y me muestra que mi vida ahora es con él, que debo abrazarlo y besarlo, amarlo infinitamente porque él representa todo lo bueno que alguna vez pude hacer.
Cuando pienso en todas las cosas que tengo, las que perdí ya no pesan, ya no presionan, ya no duelen. Solo un deseo gobierna a mi cuerpo hoy: encontrar la felicidad, quedarme con ella y no soltarla jamás.
Escribir, llorar, reír, amar ... encontrarme a mí misma y a las personas que creí perdidas. Necesito comenzar a valorar otra vez la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario