viernes, agosto 17

La vida

La vida tiene extrañas formas de hacernos poner de pie. Muchas veces cuando estamos en el suelo, creemos que no existe nada más, que ya es el fin, que no más vueltas que darle al asunto. Sin embargo aparece como una ráfaga envolvente la vida, con sus misterios y situaciones extrañas que te hacen pensar una vez más en tu destino y en por qué es necesario que te pongas de pie.

Yo me considero una mujer valiente, bueno, me consideraba. La valentía no tiene que ver con lo que somos capaces de hacer, sino también con aquello que no hacemos. Ser valiente era para mí mirar hacia adelante y seguir, como si nada hubiese pasado, como si todas las cosas malas que nos pasan en la vida no significaran nada. En el fondo lo único que hacía o que he hecho en mi vida es huir. Sufrir es un peso demasiado grande en el alma como para ignorar el miedo y el dolor.

A veces creo que no he aprendido nada de todo lo que he vivido, que me he movido en la vida tratando de creer que estoy bien cuando en verdad no es así. Entonces aparece algo que te estremece, que te hace pensar, que obliga a mirar en tu interior y a darte cuenta de que algo no está bien, que no es normal vivir con miedo, que no es normal no creer en ti, que no es normal dejarse arrastrar por las heridas del pasado.

Así me encuentro yo ahora, en el estremecimiento de mirarme ahora, mirar lo que fui, mirar lo que pasó. Es fuerte saber que tanta gente te falló, que diste tanto y no sirvió de nada, es casi imposible creer que algo bueno pueda venir. Pero siempre debe haber una luz,siempre hay alguien que dice presente y te saca del abismo en el que estás. Lo que tengo que hacer ahora es valorar a esa persona y entender que mi pasado no puede nublar mi futuro, no puede predestinarme a no ser feliz.

La vida es extraña, casi violenta pero a la vez efectiva.

No hay comentarios: