Hace tres meses no pensaba vivir algo así.
Hace tres meses mi vida era un torbellino de aspecto cálido pero de realidad áspera.
Nunca pensé que en esos ojos marrones no sólo hallaria amor, sino también temor, el temor de la pérdida, el temor de la ausencia.
Extrañar ya no era lo mismo, extrañarte se convirtió en la agonía de necesitarte con tal fuerza que la angustia se quedó corta.
Hace tres meses pensaba: esto es más de lo que pedí, es demasiado perfecto para mí. Desde que te conocí me sentí afortunada y con esa fortuna me quedé, la abracé y no la solté. Hoy aún me siento afortunada por tener la posibilidad de amar, de abrazarte y de llorar junto a ti. No pido un mundo color rosa, sólo pido un mundo contigo, en el que podamos crecer y adorarnos sin medida.
Caerse implica un gran desafío, volver a estar de pie. Contigo aprendo, me caigo y me vuelvo a parar, no sólo porque estás ahí esperándome, sino porque de a poco he comprendido que no saco nada con lamentarme sobre el pasado o sobre lo que perdí, mi presente y mi futuro brillan ahora, con fuerza y luz propia y mi mayor alegría es saber que estás junto a mí para vivirlo a través del tiempo.
Hace tres meses no pensé amarte, ni adorarte, ni ser la mujer incondicional que soy. Hace tres meses no pensé que podría ser tan feliz, crecer contigo es mi destino, luchar, soñar y vivir a tu lado es el mejor regalo que pude haber recibido.
Te amo, felices tres meses :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario