Caminó dos pasos y retrocedió. No podía avanzar más, sería arriesgar más de lo que tenía. Pero qué importaba, el amor es así. Nadie piensa porque el pensar entorpece todo.
Cuando se decidió ya estaba sentada en la cama y se había sacado los zapatos. Qué osadía, qué descaro. Pero qué importaba, el deseo es así. Nadie pide permiso, solo se ama, se siente, se vive. El placer que la inundó el solo hecho de saber que estaba en ese lugar, compensó los años de amores secos y vacíos.
Ahora solo debía esperar. El reloj marcaba las 00.15
Estaba nerviosa, dudaba hasta de sí misma, de si había leído bien la nota, de si ese era el motel indicado. Todo se despejó cuando el entró. La miró a los ojos. Eran las 00.30. Hora de ser mujer.
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