sábado, octubre 1

Vibras

Positivas o negativas afectan los sentidos, los torturan, los suprimen o simplemente les proporcionan el éxtasis de lo espiritual. Caminamos por ahí día a día con buenas vibras para algunos, con malas vibras para otros. Ahora yo me pregunto: ¿Cuál es el límite de la indiferencia? ¿Cuál es el límite de la exagerada estimación?


Se lucha por ser mejor persona todos los días, pero no siempre obtenemos las respuestas que esperamos. A veces es mejor rendirse, cuando las vibras no son compatibles no hay mucho que hacer en un lugar. Es mejor volar y expresar libremente, dejar atrás la necesidad de ser aprobado por todos o el miedo del rechazo absoluto. Hace algunos días llegué a la conclusión de que las personas en tu vida tienen una misión y es mejor dejarlas ser porque mientras más nos ilusionamos en base a lo que el propio corazón quiere, más decepciones pueden llenar nuestro saco.


Las buenas y las malas vibras resumen un estado emocional, personal que no debe necesariamente ser entendido o compartido por los demás y tampoco se debe vivir todos los días pendientes de lo que recibimos o no. A la hora de hacer la balanza es mejor mirar el interior de cada uno y estar en paz con lo que nosotros somos para así comprender y vivir en paz con lo que los demás son.

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