No se puede simplemente ser un extraño. Caminar por calles vacías y sentirse dueño de todo. La risa malévola debe tener un castigo y así lo pensó aquel hombre de anchas caderas. No se puede jugar a ser Dios, no se puede ser Dios si todos saben que su existencia depende de una neurona cuyo nombre es esperanza.
¿Cómo es posible confiar y creer cuando todo a nuestro alrededor muta?
Pasan los segundos y pareciera que todo sigue igual. Pero él sabe que no es así, la atmósfera ya es densa. Solo quedan pocos días para resignarse y olvida, sin embargo esos días parecen años, años olvidados en las mentes de los demás.
Ahora sabe lo que es la soledad absoluta porque nadie a su alrededor está tratando de negársela.
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